Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez”

LA PARADOJA DEL DESEMPLEO EN LA PRODUCCIÓN AUTOMATIZADA

Por: @Juan Carlos Rodríguez Tumalán

Junio 10, 2022


CNEC

 

Hace días navegando por la internet, encontré en la página web de The Economist una interesante anécdota sobre la automatización. El magnate de la industria automovilística Henry Ford y Walter Reuther, líder del sindicato de trabajadores, hicieron una visita a una fábrica recién construida y altamente automatizada. En la visita observaron muchos prototipos de maquinaria avanzada funcionando en la planta.  En algún momento Henry Ford le dice a Walter, ¿cómo vas a conseguir que esos robots paguen tus cuotas sindicales? A lo que Reuther contesta irónicamente, ¿cómo vas a conseguir que compren tus coches? En esta supuesta conversación se encapsula una paradoja importante de la automatización y que es relevante en el contexto del modo de producción capitalista.

 

De acuerdo con la teoría del valor de Karl  Marx  para que se dé la circulación del capital es necesario vender las mercancías hechas, ya que sin venta no hay ganancia, y para que se realice esa venta es obvio que debe de haber consumidores que puedan pagar por esa mercancía, lo cual no podría ser si los capitalistas privaran a todos sus obreros de su trabajo y por ello de su ingreso en la venta de su fuerza de trabajo. En ese sentido y refiriéndonos a la anécdota ¿Quién compraría un coche Ford hecho hipotéticamente por las maquinas si no hay empleados con un salario asegurado?

 

Para comprender mejor lo dicho anteriormente, es necesario recordar que es característico del capitalismo la creciente tecnificación de la producción, pues así aumenta la plusvalía: el aumento de la productividad trae consigo el abaratamiento de la fuerza de trabajo y alternamente un aumento de la ganancia para el capitalista. Cuando se produce más en igual tiempo, baja el valor de cada producto, aumentando así la competencia, de ahí que el desarrollo del trabajo automatizado no pueda detenerse, por ejemplo, en la actualidad vemos un desplazamiento en el trabajo, así como lo revela el estudio McKinsey Global Instituto realizado en 46 países donde se asegura que 800 millones de empleos serán desplazados por robots para el 2030, o como anuncia la Federación Internacional de Robótica: “En 2021 en la manufactura hay un récord de 3 millones de robots industriales que operan en fábricas de todo el mundo, un aumento del 10% respecto a 2020”.

 

Es pues una realidad en cierta medida que, en el régimen de propiedad y las relaciones de producción actuales, la automatización del proceso productivo causa desempleo y disminución del salario; así pues, mientras la producción crece, el empleo se rezaga, y las empresas más tecnificadas reducen la necesidad de trabajadores. Entonces ¿Es probable que las máquinas desplacen al hombre como algunos piensan?

 

Para aclarar el asunto, hay que tomar en cuenta que el principal objetivo del capital es la búsqueda de ganancia; además, la única fuente de plusvalía es la fuerza de trabajo, la parte de la jornada no retribuida, el tiempo de trabajo excedente. Ni las materias primas, los edificios o las maquinas, ningún elemento del capital constante genera valor nuevo, por muy “inteligentes” que parezcan las computadoras y robots que forman parte del capital constante no crean plusvalía por sí solos, siempre necesitan de la mente y de la aplicación humana para que se los programe o controle de determinada manera; así pues, la pretendida inteligencia de los autómatas no es más que expresión del capital intelectual de la humanidad.

Por lo anterior podemos decir que únicamente la fuerza de trabajo puede generar un valor superior al suyo propio, mismo que queda en los productos. Para extraer esa plusvalía debe realizarse el valor contenido en las mercancías, vendiéndolas: sin venta no hay ganancia, así hubiese un cúmulo de productos. En ese sentido no existen indicios para pensar que el fenómeno pueda alcanzar los niveles catastróficos como lo profetizaban por ejemplo John Maynard Keynes y el escritor Isaac Asimov que sucumbieron a esta falaciacuando analizaban el “desempleo tecnológico”.

 

Podemos concluir que no es la tecnología (maquinas, automatización, inteligencia artificial, etc.) en sí mismas las que desplazan a los trabajadores, sino las actuales relaciones sociales de producción, por lo que, consecuentemente, si estas cambian, el hombre puede poner todas estas tecnologías a su disposición y convertirlas en ayudantes suyos en el proceso productivo.  

Aunque afrontar la situación de la fuerza laboral implica un desafío por parte de los gobiernos del mundo, no existe como punto central en la agenda Global, por lo tanto, no queda claro qué políticas públicas y programas efectivos está diseñando el gobierno para la protección de los trabajadores, o si solo se limita a aplaudir el desarrollo tecnológico, ignorando sus consecuencias sociales. 

Recordemos que la distribución de la riqueza depende de la correlación de fuerzas entre las clases sociales, los trabajadores del mundo están obligados a constituirse en una fuerza organizada para no permitir ser desplazados de su trabajo, de su ingreso y por lo tanto condenados a morir de hambre; tienen que cumplir un rol activo y emprender una lucha no contra las maquinas sino contra el capital.

 


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