Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez”

¿Qué pensar acerca del regreso a clases presenciales?

Por: @Jassón Celis Córdova

Agosto 28, 2021


regreso a clases es un fracaso

A los estudiantes,

a los maestros,

 

a los padres de familia


Parece que no habrá cambio de postura por parte del gobierno para regresar a clases presenciales este lunes 30 de agosto. Ya la Secretaria de Educación y el presidente han dado su postura pública y reiteradamente, y ha sido siempre la misma: “Tenemos que correr ciertos riesgos como todo en la vida. Imagínense si no salimos porque nos puede pasar algo, nos vamos a quedar todo el tiempo ahí, encerrados”, dijo AMLO el 13 de agosto pasado; y más recientemente, el 18 de agosto: “si yo estoy haciendo el llamando para que se regrese a clases, es porque considero que no hay riesgos, o que son menores”. Delfina Gómez ha justificado el regreso presencial diciendo que “nuestros niños necesitan tener un espacio amigable y propicio para socializar […] porque también necesitan un cobijo para aminorar el estrés y la posible violencia que pudieron sufrir durante largos meses de pandemia y de confinamiento”.

A medida que se acerca el plazo fatal, ambos han dicho, cada uno con sus propias palabras, que si hay familias que no quieran llevar a sus hijos, está bien; que la actitud del gobierno es de respeto, que a nadie se le quiere imponer nada, y que en esta administración y en la 4T en general, está “prohibido prohibir”. Dijo AMLO, sin embargo, que él entiende que la mayoría de las inquietudes con respecto al regreso presencial son legítimas y provienen de gente que tiene auténtica preocupación con respecto a lo que les pudiera ocurrir a sus hijos, y que quien tenga esa inquietud, no debe preocuparse, porque seguirán las clases por televisión y por internet, como hasta ahora se han sostenido desde el inicio de la pandemia. No omitió decir también, como siempre suele hacerlo, que hay otro sector de los opositores que son sistemáticamente contrarios a todo lo que hace su gobierno: “si nosotros decimos que es de noche, ellos dicen que es de día; si decimos que es de día, para ellos es de noche; ‘hay que encender los faroles’, dicen”.

Todos (o la gran mayoría) nos preguntamos, en realidad, qué es lo que debe ocurrir con respecto a este problema que nos parece tan delicado y a la vez tan cercano. A algunos convence el discurso gubernamental de que ya es necesario regresar al ambiente escolar y salir del estrés que generan el aislamiento y la pantalla de la computadora; a algunos otros, que hemos visto en nuestros hogares padecer y morir a nuestros familiares por Covid, nos resulta muy preocupante saber que ahora nuestros hijos, hermanos, o nosotros mismos deberemos ir a convivir en un ambiente propicio al contagio, y que será muy probable que la enfermedad agarre vuelo: que incremente exponencialmente el número de enfermos entre la población estudiantil (desde el kínder hasta la prepa); que aumenten masivamente, como ha comenzado a ocurrir en los días recientes, los casos graves de hospitalización por complicaciones de la enfermedad o padecimientos relacionados y derivados de ella; y, como es lógico, en el centro de nuestra preocupación se encuentra la aterradora idea de la muerte.

Y es que para nadie es novedad que la tercera ola de la pandemia está en su fase ascendente; que parece que no ha alcanzado aún su pico más alto (cada dos o tres días rebasamos el número máximo de contagios que se habían alcanzado en el país a lo largo de los últimos 16 meses); que el número de muertos poco a poco vuelve a aumentar; que los niños contagiados son cada vez más con las nuevas cepas; que aquellos que son hospitalizados o han fallecido son cada vez más (aunque es cierto que representan, tanto en contagios como en fallecimientos, una proporción pequeña del total de gente que padece la enfermedad), y, finalmente, que los niños y jóvenes no han sido vacunados todavía, no lo están siendo estos momentos.

De acuerdo con las cifras oficiales, en lo que va de la pandemia, en México se han registrado 60,928 menores contagiados (de los cuales, más de 8,500 han debido ser hospitalizados), y 613 defunciones hasta los primeros días de agosto. Pero para entender bien el problema, no basta con ver la pandemia en general; hay que verla en su desarrollo: 1) las cifras oficiales indican que ha habido un contagio total de 194,876 menores, tomando en cuenta todos aquellos que no tuvieron necesidad de ir a un hospital y que probablemente hayan padecido la enfermedad sin ser diagnosticados. 2) Con las nuevas cepas, en el último mes se han hospitalizado a 61 niños diariamente, cosa que no había ocurrido ni en el pico de la segunda ola que tuvo lugar en enero de este año (por ejemplo, en la CDMX en tan solo un mes se elevó el número de menores hospitalizados de 4 a 17). 3) Tan solo en la semana que va del 7 al 18 de agosto se registraron 9,400 nuevos contagios en niños de entre 5 y 14 años, 172 de ellos ingresaron en alguno de los hospitales del país por complicaciones de la enfermedad.

La pandemia ha demostrado ser menos agresiva en los menores de edad, sin embargo, lo que debemos ir vislumbrando como conclusión general es que, mientras no haya vacuna para los niños y jóvenes, estamos jugando a la ruleta rusa. Las vacunas han resultado ser fundamentales para el manejo de la pandemia a nivel mundial. Es cierto que no evitan que el virus se contraiga, ni que quien se contagie deje de ser portador de la enfermedad y a su vez, fuente de contagio para otros; pero, sin lugar a duda -y este ha sido hasta hoy su incuestionable beneficio-, han atenuado drásticamente el impacto que tiene el mal en los enfermos, quienes presentan (en general) síntomas más leves y muchas menos complicaciones, y, por supuesto, ha reducido considerablemente la proporción de muertos con respecto a los contagiados.

Por eso, la demanda fundamental de todos, debería ser ¡vacunas, ya! No es que no queramos regresar a clases. No es que no entendamos que volver a la escuela es fundamental y generaría muchos beneficios para niños y jóvenes que llevamos casi año y medio confinados. No es que creamos que el país no tenga urgencia y necesidad legítimas por hacer que las escuelas se reactiven a la brevedad. Todo eso lo entendemos y estamos de acuerdo con ello. Pero ¿cómo estar de acuerdo con volver a las aulas, cuando esto -tal como lo dictan las cifras y la experiencia- significa poco menos que ir al matadero? 

¡Regreso a clases a clases si y sólo si se vacuna ya al 70% de la población! ¡Regreso a clases únicamente cuando niños y jóvenes estén vacunados! ¡Regreso a clases responsable y seguro para todos!

Si a la población infantil se le vacuna, todo el resto de los protocolos que plantea el gobierno (incluidos los 9 puntos del decálogo (sic) para el regreso a clases presenciales) serán mucho más sensatos y efectivos.

Más allá de si los niños están estresados, si necesitan un lugar para socializar y alejarse de la violencia doméstica, de si en casa solo se la pasan “pegados al nintendo” como han dicho las autoridades, lo que al gobierno debe preocuparle y ocuparle es que exista un mecanismo que evite que a nivel poblacional la enfermedad siga siendo una importante causa de muerte (casi trescientos mil hasta los últimos días de agosto), o de padecimientos graves que impliquen hospitalización y cuidados intensivos.

Esa es la demanda de la FNERRR y en ella nos mantendremos firmes, ya que así lo dictan la razón y la sensatez. Tomaremos medidas, convocaremos a los estudiantes, haremos manifestaciones y declaraciones públicas enarbolando este posicionamiento porque estamos seguros de que la razón nos asiste. ¡Compañeros fenerianos, padres de familia, maestros, los invitamos a abanderar junto con nosotros esta demanda por nuestro bien, el de nuestros hermanos y nuestros hijos! ¡Viva la lucha organizada de los estudiantes! ¡Viva la FNERRR!


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