Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez”

Ante políticas neoliberales debemos luchar con más ahínco

Por: @Adán Márquez Vicente

Febrero 21, 2019


fnerr tlaxcala

Las políticas económicas que se están instrumentado en la “cuarta transformación” no están pensadas para un cambio profundo en donde la mayoría de los mexicanos mejoren realmente sus condiciones materiales y espirituales. Se trata de una política alineada a las decisiones internacionales como el del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) creadas después de la posguerra, y aunque sus apologistas digan lo contrario, es neoliberalismo recalcitrante.

Christine Lagarde, directora general del FMI durante el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, señaló que  “después de dos años de sólida expansión, la economía mundial está creciendo más lentamente de lo esperado y los riesgos están aumentando\", también informó que en el año 2018 el crecimiento global fue del 3.7%, en este año y el periodo siguiente se prevé una caída de 0.2 y 0.1 puntos porcentuales, un 3.5% para el 2019 y del 3.6% para el 2020; también asegura que en América Latina y el Caribe sufrirán una desaceleración por el menor crecimiento previsto en México y por los conflictos en Venezuela. Ante esta problemática se exhortó a que los países cooperen y resuelvan los desacuerdos comerciales que conllevan a la incertidumbre política y para ello, se señalaron prioridades como: fomentar la cooperación multilateral; estimular la productividad; lograr una mayor inclusión económica; reducir los costos del comercio; incrementar la participación de la fuerza laboral, en particular de mujeres y jóvenes, entre otras.

Sin embargo, el presidente de la República ha instrumentado programas sociales que obedecen sin duda a los llamados del FMI. Por ejemplo, el hecho de crear el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro que cuenta con dos distintas modalidades, una de estas es la Capacitación para el Trabajo, dirigida por la Secretaría del Trabajo y Prevención Social (STyPS), programa que ofrece 3 mil 600 pesos mensuales por un año a los jóvenes que quieran incursionar en el mundo laboral,  serán becarios y tendrán un tutor con el fin de adquirir los conocimientos y habilidades proporcionados por especialistas del sector privado y uno que otro del sector público. Esto, claramente incrementa la participación de la fuerza laboral, particularmente de mujeres y jóvenes; y es así porque de lo que se trata es de reactivar el crecimiento económico que no necesariamente quiere decir bienestar económico, libertad, justicia, paz y progreso permanente para la humanidad bajo la hegemonía de Estados Unidos. Como muestra están los datos duros de Joseph Stiglitz en su libro el precio de la desigualdad, en donde sentencia que el 1% tiene lo que el 99% necesita o, los datos revelados de Oxfam: ocho hombres, entre los que destaca Bill Gates, Amancio Ortega, Carlos Slim y Mark Zukerberg, poseen la misma riqueza que 3,600 millones de personas a nivel mundial y que 10 empresas en el mundo obtuvieron una facturación superior a los ingresos públicos de 180 países juntos.

Lo grave ante esta situación es que está permeando de manera sutil en nuestro país, la campaña mediática oficial del gobierno, no descansa en asegurar que los apoyos de transferencia monetaria llegarán de manera directa, que se va mejorar y van a tener resultados en corto tiempo. Sin embargo, es necesario recordar que esos programas han existido, desde 1989, en la época de Carlos Salinas de Gortari con el programa Solidaridad; en 1994, Ernesto Zedillo creó Progresa; luego Vicente Fox, Oportunidades, que continuó Felipe Calderón; y con Peña Nieto, las becas de manutención. A más de 30 años con estos programas asistenciales, nuestro país no ha mejorado, al contrario, hay más pobreza. Urge que nos demos cuenta de la realidad y los estudiantes tenemos la obligación de observar este fenómeno de manera crítica, sobre todo los que hemos luchado de manera organizada, disciplinada y respetuosa de nuestra Carta Magna.

Los estudiantes organizados en la FNERRR que desde 1999 hemos luchado en todos los rincones del país por mejorar nuestras condiciones educativas teniendo infraestructura y enseñanzas de calidad, podemos decir que estamos viviendo cuestiones más difíciles, en varios estados se ignoran nuestras demandas que están totalmente justificadas, pero ahora con más prepotencia y particularmente en Tlaxcala, el secretario de gobierno, José Aarón Pérez Carro y el Secretario de Educación Pública Estatal, Manuel Camacho Higareda, no resuelven tan solo dos demandas: el reconocimiento oficial de 100 estudiantes para que no pierdan el semestre, ya que la dirección general del CECYTE de Tlaxcala decidió quitar sin justificación el plantel 22 que funcionaba en El Rosario, donde estudiaban los jóvenes,  y la otra demanda es el equipamiento de  una casa de estudiantes que alberga a universitarios de escasos recursos económicos, cuyo gasto no asciende a un millón de pesos. Estos funcionarios están respaldados por la política federal de recortes presupuestales a instancias de educación e investigación y a otros sectores.

Es indudable que estamos ante una situación más complicada, en donde se ha apostado a satisfacer las necesidades inmediatas de nuestro pueblo, volviéndolo muy dependiente a las asistencias que nos lo va a sacar de la pobreza y, paralelamente, restringiendo sus derechos legítimos: mejores salarios, vivienda, salud, educación de calidad, etcétera. Tal panorama desolador necesita que el pueblo esté más unido, que haga el esfuerzo de educarse políticamente, de tener más conciencia y no hacer caso a los cantos de sirena como Ulises en La Odisea de Homero.  Los hijos del pueblo, es decir, los jóvenes que nos estamos preparando, tenemos el compromiso de ayudar en la educación y concientización de nuestros padres. Es por eso, compañeros fenerianos, que estamos en la senda correcta; nuestra lucha no debe desmayar, luchemos con más entusiasmo, nuestra historia nos ha demostrado que las grandes conquistas se han logrado gracias a la organización y a la conciencia del pueblo; sigamos exigiendo mejores condiciones para que en un futuro no muy lejano, podamos tener una nación más competitiva en todos los terrenos, y sobre todo más justa.

 

    

 

 

 

 



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