Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez”

El estudio y la lucha: herramientas obligatorias para poder cambiar el mundo

Por: @Jassón Celis Córdova

Octubre 19, 2018


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“Cada pueblo tiene su propia realidad; no hay receta para hacer revoluciones; el denso pensamiento de los teóricos de las corrientes sociológicas o económicas requiere un serio estudio; si es cierto que no hay acción revolucionaria sin teoría revolucionaria, no puede haber la aplicación voluntaria o la interpretación de la teoría adecuándola a lo que la juventud o el joven requiere. [El joven] tiene que mirar lo que pasa dentro de su país y más allá de la frontera, y comprender que hay realidades que deben ser meditadas y analizadas”, dijo Salvador Allende en su famosísimo discurso en la Universidad de Guadalajara en 1972.

            Su intención era invitar a los jóvenes mexicanos a no ser dogmáticos y a no rechazar a priori, la vía en que su gobierno socialista había accedido al poder político: “uno se encuentra a veces con jóvenes que han leído el Manifiesto Comunista ¾o lo han llevado largo rato debajo del brazo¾, y creen que lo han asimilado, y dictan cátedra y exigen actitudes y critican a hombres que, por lo menos, tienen consecuencia en su vida. Y ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; pero ir avanzando en los caminos de la vida y mantenerse como revolucionario, en una sociedad burguesa, es difícil. […] Por eso, el dogmatismo, el sectarismo, debe ser combatido; la lucha ideológica debe llevarse a niveles superiores, pero la discusión debe ser para esclarecer, no para imponer determinadas posiciones.”

            Dos cosas interesantes quisiera resaltar de las ideas de Allende. En primer lugar, que para la acción revolucionaria, política en general, es necesario un serio estudio de lo que las más importantes investigaciones sociológicas y económicas han concluido como singularidades ¾fundamentales y determinantes¾ de cierta sociedad. Si se pretende transformar una realidad concreta, es necesario, primero, estudiarla y encontrar los factores esenciales que la conforman tal y como es, así como las relaciones existentes entre estos, mismas que hacen que el fenómeno exista precisamente así, y no de otra manera. De lo contrario, podríamos llegar a conclusiones verdaderamente absurdas (y por tanto a aplicarle medidas incorrectas), como aquél cirquero que a la orden de “¡Salta, pulga, salta!”, hacía saltar a una pulga, y después cada salto le arrancaba una pata, comprobando que, a cada pata arrancada, la pulga saltaba menos. Luego de arrancarle la última pata, le ordenó: “¡Salta, pulga, salta!” y la pulga no saltó más. Entonces escribió en su libreta de anotaciones su magnífico hallazgo: “Pulga sin patas, se queda sorda”.  Podemos, pues, observar la realidad y describir los elementos que la conforman, pero no la habremos verdaderamente conocido, sino hasta haber descubierto las relaciones que íntimamente existen entre esos elementos y qué efectos traerán en el fenómeno global cualesquiera cambios que provocáramos ellos.

            En materia económica, pues, se debe actuar de acuerdo con una teoría científica determinada que explique cuáles serán los posibles resultados que tenga cualquier medida que a aplicar en este ámbito ¾principalmente como política gubernamental¾ para reglar la sociedad. Hay que estudiar y conocer bien la ciencia económica para no dar bandazos voluntaristas o golpes de autoridad que generen incertidumbre o que simplemente estén totalmente desarraigados de la realidad: “No puede haber la aplicación voluntaria o la interpretación de la teoría adecuándola” a lo que uno desee o se imagine, decía ya Allende.

            Quiero decir, pues, que para conocer los problemas más profundos de la realidad mexicana, es necesario estudiarla con una serie de herramientas científicas determinadas (una teoría y un método específicos), encontrar cuáles son sus factores fundamentales y sacar conclusiones con respecto a su funcionamiento para, finalmente, proponer medidas para cambiarla. Si nosotros, al comenzar a estudiarla, tenemos el prejuicio (juicio alcanzado antes de realizar el estudio científico) de que el principal problema de México es, por ejemplo, la corrupción, por más que la realidad nos grite que no es esa la cuestión de fondo, es muy probable que no podamos encontrar el quid del fenómeno, por ser incapaces de librarnos de nuestras obsesiones; es muy probable que lleguemos a esa conclusión y que apliquemos medidas para combatir ese problema, pero con toda seguridad, los resultados de éstas no tendrán los esperados y pronosticados por nosotros.

            La segunda idea que ahora interesa de lo que decía Allende es que, es altamente probable que en el estudio científico de la realidad, dependiendo de las condiciones particulares de cada sociedad, las conclusiones extraídas y las propuestas de medidas no sean siempre las mismas. Él se refería, en concreto a que no se debía prejuzgar el experimento chileno porque la vía democrática no estaba incluida en los grandes textos teóricos del marxismo: ni en el mismo Marx, ni en Lenin, ni en Gramsci, ni en el Che Guevara, y se consideraba casi un ilusorio reformismo sin futuro. Por eso dice: “el dogmatismo, el sectarismo, debe ser combatido; la lucha ideológica debe llevarse a niveles superiores, pero la discusión debe ser para esclarecer, no para imponer determinadas posiciones.” Esto es absolutamente cierto. El dogmatismo y el sectarismo fanáticos deben ser combatidos: si hay conclusiones distintas acerca del mismo fenómeno, la discusión debe ser abierta, amplia y profunda, pero siempre dentro de los límites teóricos comunes, que marcan la razón y la rigurosidad científica. Por ejemplo, si alguien abandona totalmente los elementos científicos de la biología, abrazando el creacionismo, será imposible que llegue a una conclusión cordial con alguien que defiende el naturalismo evolucionista: ahí sí habrá puntos de partida distintos que hace estas posturas inconciliables.

            Así, pues, en el aspecto económico, mientras no se abandone el campo de la objetividad para abrazar las entelequias ridículas de que “los pobres son pobres porque son flojos”, o “los ricos son ricos a base de su esfuerzo individual”, etc., los científicos sociales serios habrán de discutir sus descubrimientos (propios para su sociedad) y esclarecer cuáles son las posibles medidas que se puedan adoptar para cambiar las cosas.

            Parece, sin embargo, que en este país, abunda la idea de que a alguien le fue susurrada, al fin, la palabra divina, y que con su sacra y santa voluntad hará que vivamos en una república de amor, bajo una moral determinada e inmaculadamente regenerados tras haber sido ungidos con su gracia. Ahora se acusa de “traidor de la patria” a todo aquel que no acepte irreflexivamente estos preceptos y a quien se atreva a disentir.

            A pesar de ello, no hay que olvidar que la última prueba de la verdad es la realidad, y que si las condiciones materiales no cambian después de haber aplicado cualquier teoría sobre ella, no es la realidad quien está equivocada, sino el que la intenta cambiar con herramientas equivocadas. Ahora bien, el verdadero problema es que, en la experiencia de la Historia, cuando se está en el poder y se pierde por completo la capacidad de autocrítica, la aceptación de la posibilidad de estar equivocado, y se asume que uno es dueño de la verdad absoluta, surge entonces la intolerancia más violenta y la persecución y castigo al pensamiento libre. A todos los que han estado del lado de los disidentes, no les ha quedado más remedio que la resistencia y la defensa de la verdad.

            A eso debemos estar dispuestos, compañeros. El estudio científico de la Historia, el materialismo histórico, nos dice que mientras no se cambien las relaciones de producción, mientras haya explotadores y explotados, mientras haya propiedad privada de los medios de producción, la situación será esencialmente la misma. Cualquier otra modificación, incluida la lucha contra la corrupción, no son sino paliativos: jarabe contra la tos para el enfermo que se está muriendo de neumonía. ¡Es el estudio científico de la historia el que así lo determina, tal y como el estudio científico de la naturaleza demuestra que la gravedad exista! ¡No lo olvidemos, o estaremos en riesgo de concluir que las pulgas sin patas se quedan sordas!

            Dos tareas nos quedan, pues, compañeros: estudiar, estudiar profundamente para conocer y entender a cabalidad la realidad mexicana y no caer nunca en el fanatismo, en el abandono del pensamiento crítico y de la investigación científica en materia social, y, en segundo lugar, estar dispuestos a defender ese derecho y las reivindicaciones materiales que de éste emanen a través de la lucha organizada y de la defensa de nuestra Federación.



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