Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez”

Cada vez es más necesaria la lucha organizada

Por: @Juventino Navarrete Xilita

Marzo 14, 2018


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“La educación lo puede todo. Es posible que para el philosophe Claude Adrien Helvétius, rico por familia y acaudalado fermier général de Francia, su afirmación de que <<la educación lo puede todo>> tuviese su significado real. Para la inmensa mayoría de la gente era como decir que <<el dinero lo puede todo>>, cosa que evidentemente intuían pero que no podían experimentar por sí mismos. En efecto, la educación, como el dinero, era patrimonio de muy pocos europeos que, normalmente, compartían ambas cosas”. Así empieza Gonzalo Pontón, el capítulo siete de su libro La lucha por la desigualdad, al analizar el papel que cumplió la educación en el establecimiento y fortalecimiento del sistema económico capitalista, o por decirlo mejor, el papel que cumplió la educación “como medio de separación social, procurando que las clases subalternas <<se mantuvieran en el lugar que la divina providencia les había asignado”.

Lo anterior, puede sonar muy lejano a nuestra realidad, incluso exagerado, ya que los cambios materiales que han sucedido en el mundo, junto con los ideológicos, han generado una nueva visión; inclusive, después de 1945, mayores expectativas para los grupos más marginados del mundo, “hay un espíritu en Europa que es más noble y más valioso que cualquier cosa que en este cansado continente haya conocido durante siglos, y que no se podrá detener. Se puede, si se quiere, pensar en ello en términos de política, pero es mucho más amplio y más generoso que cualquier dogma. Es la voluntad confiada de los pueblos enteros que han conocido los mayores sufrimientos y humillaciones, y que han triunfado sobre ellos para construir su propia vida”. No obstante, las condiciones materiales de los grupos menos favorecidos, solo mejoraron en la medida en que la unión soviética y otros movimientos de protesta, representaban una amenaza para el sistema; así se explica que, en las tres décadas posteriores a la segunda guerra mundial, hayan mejorado de manera impresionante las condiciones de los trabajadores, y por ende las de sus familias, pues eran los momentos de máximo apogeo de la unión soviética, pero después de los años ochenta, cuando se evidenció que la URSS ya no representaba la misma amenaza que treinta años antes, se demostró nuevamente el verdadero espíritu del sistema.

Las demandas que se habían conseguido y que habían logrado disminuir la pobreza de los trabajadores, poco a poco se fueron perdiendo hasta llegar al estado actual; los que habían podido salir de la pobreza, regresaron a su situación anterior y, los que ya de por sí eran pobres, el pauperismo se volvió su cobijo. Aunque, por otro lado, la riqueza de los grupos favorecidos, cada vez ha venido en incremento; la polarización de las clases es cada vez más evidente, pues por un extremo, existe un puñado de ricos muy ricos y, por el otro, un inmenso ejército de miserables que todos los días buscan cómo sobrevivir. La situación parece no tener límite. Hace aproximadamente un mes, la OXFAM, como cada año lo hace, presentó su informe anual para el Foro Económico Mundial de Davos, evento a la que asisten los líderes más importantes de casi todas las naciones. Dicho informe destacó que, “en 2017, el capital de las personas más ricas del planeta tuvo un aumento de 762 mil millones de dólares. Por otro lado, el 82% del crecimiento de la riqueza mundial fue a parar a manos del 1% de la población. En América Latina y el Caribe el 10% más rico de la población acapara el 68% de la riqueza total, mientras el 50% más pobre solo tiene acceso al 3,5% de la riqueza. Además, también en el 2017 el 50% de la población más pobre del planeta, unos 3.700 millones de personas, no se beneficiaron en absoluto de dicho crecimiento”.

Inmediatamente después del informe de OXFAM, en nuestro país se presentaron los resultados de la prueba Planea, que se aplicó a los alumnos de tercer grado, en él, se precisa que 64.5% de los estudiantes de tercero de secundaria obtuvieron un nivel uno de aprovechamiento escolar. Esto quiere decir que tienen un dominio insuficiente de los aprendizajes claves del currículum, lo que refleja carencias fundamentales que dificultarán el aprendizaje. En el nivel dos de conocimientos “básicos” en la materia se encuentra 21.7% de los estudiantes analizados. En cuanto a alumnos que se encuentran en el nivel tres, “satisfactorio”, hay 8.6%, y para el nivel cuatro, con “dominio sobresaliente se colocó 5.1% de los estudiantes.  Lo que se destaca en el primer párrafo, nuevamente vuelve a nuestra realidad y quizá con más ahínco, nuevamente vemos que la educación, como la política, la economía y otros rubros que definen el crecimiento y desarrollo de un país, hoy se encuentran secuestrados por una élite que parece no querer soltarlos, al contrario, la tendencia es incluir lo que aún queda fuera. Así se explica la situación tan deplorable en la que se encuentra la educación popular. Sin salarios dignos, sin vivienda digna, sin salud, sin buena alimentación, es decir, si no se brindan las condiciones suficientes para que la educación lo pueda todo, las muy difícilmente podrán cambiar.

Por eso, en casi todas las instituciones de gobierno, de todos los niveles, cuando la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez” y otras organizaciones sociales solicitan que les resuelvan demandas elementales, la respuesta es siempre negativa, pues responden a una lógica que no incluye el mejoramiento de las condiciones de vida y de estudio de las clases subalternas. Así se explica la negativa y la represión que sufren los compañeros estudiantes de la FNERRR en los estados de Oaxaca, Sonora, Guanajuato, Campeche, Puebla y como ya se decía, en casi todo el país.

La única salida sigue siendo la lucha popular, estudiantil,  pero como también ya se demostró en otros momentos, ésta tiene que ser organizada, no solo en una situación concreta (un mitin, por ejemplo), sino que el movimiento que la encabece, debe contar con la mayor fuerza posible y con la mejor claridad posible, así como lo plantea la FNERRR. Solo así se logrará una sociedad mejor, donde todos cuenten, en los hechos, con las mismas oportunidades; donde se brinden todas las condiciones para que a través de la educación lo podamos todo.



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