208 - EL AÑO DEL FUTBOL MUNDIAL. REGOCIJO PARA LA HUMANIDAD O ESTRATEGIA POLÍTICA
Por ADÁN MÁRUEZ VICENTE
Finalmente estamos en el año del mundial (del futbol, claro está). Ello representa un sin fin de sentimientos, de filias y enemistades, de fanatismos estúpidos y de auténticos placeres a la imaginación. Así, no parece forzado aprovechar este medio como para hablar de la musicalidad de un juego que, en tanto improvisado y colectivo, tiene mucha relación en obras y géneros determinados. Eso por no hablar de las piezas, de rock y pop sobre todo, que las barras y porras han hecho suyas para apoyar equipos, colores y localidades.
Música y futbol, ambos, grandes negocios en nuestros tiempos, lejos de ser arte y deporte respectivamente, ambos cumplen con la función de entretener y representar culturas, temperamentos de manera específica. De las batucadas brasileñas a las cornetas hidráulicas de los seguidores de la barra del River Plate Argentino y los coros madridistas del Santiago de Bernabéu, en uno y otro estadio del globo se crean constantemente pequeñas composiciones dedicadas a los jugadores lo mismo que a equipos enemigos, merecedores todos de odas o insultos refinados en tono y ritmo.
En el plano más profesional, ¿qué hay de las piezas dedicadas, inspiradas en el futbol? Hay muchas, “Maradona no es una persona cualquiera, es un hombre pegado a una pelota de cuero”, canta Andrés de Calamaro en “Maradona”, (yendo más lejos: ¿no es acaso la vida de este icono algo parecida a la de los tantos jazzistas venidos de la calle, llegados a la gloria y caído al infierno?). Asimismo, están bandas de la Española La Habitación Roja y El Tri de México quienes cantan “nunca ganaremos el mundial” y “si México ganara el mundial los comercios tendrían que cerrar y toda la policía no alcanzaría pa´placar el jubilo nacional/ habría un chingo de cabrones trepados en el ángel gritando ¡sí se pudo, sí se pudo! / Y habría muchos aferrados que lo querrán escalar/ pues estarán tan pedos que fracasarán al tratar de trepar/ lo bueno es que nunca va a pasar/ porque México nunca ganar el mundial”.
Otra pieza reciente, creada en nuestro país y apoyada hasta el cansancio por Televisa Deportes, es la de Jáuregui “la vida no es lo mismo sin futbol” y hasta la composición clásica de Enrizo Chapela “Ingesu” dedicada a un partido entre México y Brasil, donde a muchos mexicanos nos llena de adrenalina.
De todas las composiciones en torno al futbol, empero, tal vez la más grandilocuente y significativa sea la adaptación que Tony Britten hiciera a “Zadok el Sacerdote”, de George Frideric Handel. Comisionada por la UEFA en 1992, fue grabada por la Real Orquesta Filarmónica de Londres con coros de St. Martin in the Fields en los tres idiomas oficiales de la FIFA: Inglés, francés y Alemán. Digamos que sólo con escuchar la abertura todo amante de futbol enmudece, busca el televisor más cercano y se concentra en la magia posible de esa, sin duda, la mejor competencia de clubes del mundo.
Otros subgéneros son los himnos populares, manifiestan críticas políticas y raciales, por eso las barras en el continente europeo son vigiladas constantemente. Sudáfrica no queda atrás, todos creo yo, sabemos que es la sede del próximo mundial, se dice que se están creando bailes y ritmos para jugadores específicos, como verdaderos héroes regionales, figuras merecedoras de apariciones en la tradición oral y musical de sus pueblos de origen.
Este es el gran espectáculo que a la humanidad le espera en un corto tiempo, preparado para el golpe ideológico, en tiempos difíciles, en donde en muchos países aun no se supera la crisis, muchos no tienen empleo, la educación está por los suelos, la delincuencia avanza a todo galope, las catástrofes naturales como en Haití están dejando miles o quizás millones de seres humanos en la muerte y en la miseria, quizás por el calentamiento global que provocan las grandes fabricas de los capitalistas más poderosos de nuestro planeta. “música y futbol”, ¡cuidado!, es otra gran estrategia del opresor.